Codex Florentino
Estos son fragmentos del códice florentino, un manuscrito compilado por fray Bernadino de Sahagún en el siglo XVI con la colaboración de autores y artistas indígenas. Los doce libros del códice, escritos en español y en náhuatl, se tratan de la historia y la cultura indígena, el mundo natural, y la llegada de los españoles. Se puede leer el texto entero aquí.
Libro XII, capítulo I. De las señales y pronósticos que aparecieron antes que los españoles veniesen a esta tierra ni hubiese noticia dellos
Diez años ante que viniesen los españoles desta tierra pareció en el cielo una cosa maravillosa y espantosa, y es que pareció una llama de fuego muy grande y muy resplandeciento. Parecía que estaba tendida en el mismo cielo. Era ancha de la parte de abaxo, y de la parte de arriba, aguda, como cuando el fuego arde. Parecía que la punta della llegaba hasta el medio del cielo. Levantábase por la parte de oriente luego después de la media noche, y salía con tanto resplandor que parecía el día. Llegaba hasta la mañana; entonce se perdía de vista. Cuando salía el Sol estaba la llama en el lugar que está el Sol a medio día. Esto duró por espacio de un año cada noche. Comenzó en las doce casas. Y cuando parecía a la media noche toda la gente gritaba y se espantaba. Todos sospechaban que era señal de algún gran mal. . .
Libro XII, capítulo II. De los primeros navíos que aportaron a esta tierra, que según dicen fue Juan de Grijalva
La primera vez que parecieron navíos en la costa desta Nueva España, los capitanes de Motecuzoma, que se llamaban calpisques, que estaban cerca de la costa, luego fueron a ver qué era aquello que venía, que nunca habian visto navíos, uno de los cuales fue el calpisque de Cuextécatl que se llamaba Pínotl. Llevó consigo otros calpisques: uno que se llamaba Yaotzin, que residía en el pueblo de Mictlancuauhtla, y otro que se llamaba Teocinyócatl, que residía en el pueblo de Teocinyócatl, y otro que se llamaba Cuitlalpítoc: éste no era calpixqui, sino criado de uno destos calpisques y principalejo; y otro principalejo que se llamaba Téntlil. Estos cinco fueron a ver qué cosa era aquello, y llevaban algunas cosas para venderlos, so color de ver qué cosa era aquélla. Y lleváronlos algunas mantas ricas que sólo Motecuzoma las usaba; ninguno otro tenía licencia de usarlas. Entraron en unas canoas y fueron a los navíos. Dixeron entre sí: "Estamos aquí en guarda desta costa. Conviene que sepamos de cierto qué es esto para que llevemos la nueva cierta a Motecuzoma." Entraron luego en las canoas y comenzaron a remar hacia los navíos. Y como llegaron junto a los navíos y vieron a los españoles, besaron todas las pruas de las canoas en señal de adoración. Pensaron que era el dios Quetzalcóatl que volvía, al cual estaban y están esperando, según parece en la historia deste dios. Luego los españoles los hablaron. Dixeron: "¿Quién sois vosotros? ¿Dónde venís? ¿De dónde sois?" Respondiéronlos los que iban en las canoas: "Hemos venido de México." Dixéronles los españoles: "Si es verdad que sois mexicanos, decidnos ¿cómo se llama el señor de México?" Ellos les respondieron: "Señores nuestros, llámase Motecuzoma el señor de México." Y luego les presentaron todo lo que llevaban. . .
Libro X, capítulo XII. de otra manera de oficiales, como son labradores y mercaderes
El labrador es dispuesto y recio y diligente y apto para las labranzas. El buen labrador es fuerte y diligente, y cuidadoso, y madruga mucho por no perder su hacienda, y por augmentalla dexa de comer y de dormir. Trabaja mucho en su oficio, conviene a saber: en romper la tierra, cavar, desherbar, cavar en tiempo de seca, binar, allanar lo cavado, hacer camellones, mo[llir] bien la tierra y ararla en su tiempo, hacer linderas y vallados, y romper también la tierra en tiempo de aguas; saber escoger la buena tierra para labrarla; hacer hoyos para echar la semilla, y regalla en tiempo de seca; sembrar derramando la semilla; agujerar la tierra para sembrar los frisoles; cegar los hoyos donde está el maíz sembrado; acohombrar o llogar la tierra a lo nacido; quitar el ballico; entresacar las cañas, quebrándolas, y entresacar las mazorquillas, e quitar los hijos de las mazorcas; quitar los tallos porque crezca bien lo nacido; entresacar a su tiempo las mazorcas verdes; e al tiempo de la cosecha, quebrar las cañas, cogiéndolas; e coger el maíz cuando está ya bien sazonado; desollar o desnudar las mazorcas e atar las mazorcas una con otra; añudando las camisillas una con otra; y hacer sartales de mazorcas, atando unas con otras; y acarrear a casa lo cogido, y ensilarlo; quebrar las cañas que tiene nada, aporreándolas; trillar, alimpiar; aventar; levantar al viento lo trillado.
El mal labrador es muy negligente, haragán, y a él se le hace grave y molesto todo trabajo. En su oficio es tosco, bruto, groserazo, villanazo, comilón, escaso, enemigo de dar y amigo de tomar.